Tenía una máscara de Chacal ...

Tengo la firme determinación de respirar hasta lo más profundo. Esta es, creo, mi tercera sesión de respiración y mi impresión es que en la anterior no me había empleado a fondo, así que hago todas mis invocaciones y, como esta vez hay cacao para ayudar, me tomo un buen vaso. Está amargo, pero le cojo el gusto después de añadirle un poco de miel.

Empiezo a respirar firmemente, profundamente y sin pausa. Me doy cuenta de que no tengo por qué “forzar el esfuerzo” ni pensar en cuánto tiempo tendré que estar así, aunque me ayudan las explicaciones previas. Me siento cómoda con el ritmo escogido y sé que no me voy a cansar. Sigo y pronto siento mis brazos como si fueran torres de alta tensión. Había dejado las palmas abiertas, pero ya no puedo reconocer si siguen así. La sensación es como si estuvieran tremendamente apretadas y me recorriera el cuerpo una carga eléctrica inmensa. Al principio sólo noto esa carga en los brazos. Sé que puedo parar y que será más o menos suficiente para tener una experiencia viajera, pero de alguna forma me doy cuenta de que puedo seguir y trasladar esa carga eléctrica a todo mi cuerpo y algo me invita a hacerlo. Quizás que ya la voy notando en los pies y que me incita la curiosidad. El momento coincide con una música en la que también hay un sonido intenso de respiraciones “indias” y me dejo guiar por ellas. Las imito y veo que puedo guiar esa electricidad por mi cuerpo y hacerla llegar adonde haga falta. En realidad, lo mejor para mi, sería que todo mi cuerpo estuviera vibrando en esa frecuencia altísima de mis brazos, aunque casi queme y duela. Consigo expandirla hasta las piernas y pies y por la cabeza. Noto como empiezo a hacer muecas involuntarias con los labios, la nariz y las mejillas. Elijo no pensar en la pinta que tendré.

Anubis 44

Curiosamente, la zona del pecho y la tripa se resisten a entrar, pero ahora soy perfectamente consciente de que es una cuestión de insistir y de dirigir. Cada respiración va a una zona del cuerpo. Y, aunque consigo comunicar con esa energía, me rindo antes de alcanzar el tope que sé está en algún sitio cercano. A pesar de todo, noto perfectamente que estoy preparada y puedo soltarme y eso hago.

La tensión se relaja y me voy al círculo de fuego en el que tengo cabeza de lobo o de jabalí o quizás de chacal. No es mi cabeza, es una máscara, pero completamente animal y yo estoy en una ceremonia. También tengo una cola como de zorro. Estoy de pié y blandiendo algo creo que con mi mano izquierda. Conmigo hay una mujer sentada ante el fuego. Es de noche y estamos en una especie de paisaje desértico en el que apenas hay vegetación. No sé que hago.

Me voy al más allá. No es ningún sitio en especial, sino más bien dentro de mi.

Me cuesta soltar la cabeza y por tanto alguna zona de mi cuerpo. Hay ideas molestándome.

Se hace más sitio, la cueva se hace más grande y con más luz. Se expande la mente y también el pecho. Noto mas amplitud en el corazón (siempre lo pido) y en el cuerpo.

Tengo la sensación de estar lista para lo que venga. Como si estuviera en un proceso que llega ya. Dejar el miedo.

Me doy cuenta de que no entiendo por qué estamos aquí en este mundo si podemos estar en otro sitio y se está tan bien, con tanta paz y tanta dicha. Estoy allí largo tiempo, tan feliz.

Suena Ohm Mani Padme Hum y yo también lo recito internamente y deseo felicidad a todos los seres. Me fundo en esa paz y esa calma. ¿Se puede estar mejor?

Me ha entrado calor en la parte derecha de la cabeza. Me resulta muy curiosa la sensación. También noto el dolor en mi brazo derecho. Es una parte que sé que sufre, así que dirijo hacia allí mi atención de forma amorosa y que sea lo que Dios quiera…

Es difícil, por no decir poco apetecible recuperar el cuerpo. Esa parte viene acompañada por escalofríos y espasmos en todo él. ¿Quién quiere tener un cuerpo o qué demonios tengo que hacer con él? ¿Qué hago aquí? ¿Cómo ayudar y a qué?

Por otro lado, sé que tengo que estar agradecida y lo estoy.

Podría haber seguido en mi paz por mucho tiempo. Aún me cuesta recuperar el movimiento y la habitación me parece rara cuando abro los ojos.

No creo haber tenido exactamente una experiencia de muerte, aunque si se trata de dejar de respirar, si puedo percibir una sensación parecida. Pero es porque mi cuerpo desaparece allá donde yo haya ido.

Vuelvo agradecida y feliz. Especialmente agradecida por la mayor amplitud de mi corazón. No sé si la ceremonia de iniciación de Sakya Trizin ha tenido algo que ver con ello, o todas las prácticas y todas las ganas, pero noto algo distinto en mi día a día y estoy contenta.

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